El divertido mundo de los titiriteros en el FITB
En el mes de marzo cerca de 65 compañías de artistas, de 35 países, deslumbraron con sus obras a los visitantes del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB). Sin embargo, no es tan conocido por los capitalinos el pequeño mundo de los titiriteros que divirtieron a grandes y pequeños con sus muñecos de cartón.
Mientras los más de 1.500 artistas fascinaban a los bogotanos con sus grandes acrobacias, bailes y dramas modernos, ocho grupos de títeres nacionales se presentaban en las carpas de Ciudad Teatro durante el espectáculo que homenajeó a Fanny Mickey. Entre los más importantes se encontraban ‘Doctora Clown’, ‘Sol y Burbujas’, ‘Viralata’, ‘Travesías de papel’ y uno en particular: ‘El Submarino Invisible del Capitán Nemo’ de la compañía de teatro La libélula dorada dirigida por Iván Darío Álvarez.
‘Que duermas bien Alfonso” es la obra que presentó este dramaturgo con 34 años de experiencia como titiritero. Alfonso, un niño de 5 años que vive con su papá inventa todo tipo de trucos para no acostarse a dormir, pero el hombre ocupado en sus labores, intenta persuadirlo para que se vaya a descansar. Esta historia es una adaptación del cuento del mismo nombre de la escritora sueca Gunilla Bergström. “La puesta en escena reivindica el oficio de ser padre y de cómo debe implicarse en la crianza de los hijos que infortunadamente le ha sido relegada a la mujer”, afirma el director.
‘Hombre del Sol Castro’, titiritero que anima al personaje de Alfonso cuenta que “los muñecos son estructuras de aluminio con pliegues en las articulaciones para mejor movilidad. La cabeza, manos y pies están hechos en icopor y recubiertos en papel. Los brazos y las piernas son de látex que previamente fueron fundidos en un molde.” Para animar el personaje, el titiritero tuvo que adaptarse al lenguaje de los niños y aprender de sus gestos y características sicológicas.
De la mano de estos dos virtuosos del teatro infantil, puede verse un mundo mágico en el que los niños son los principales beneficiados y que además por un cómodo precio que no supera los 10 mil pesos, los visitantes pueden pasar un rato agradable en familia.
El mundo de los títeres de la Libélula dorada fue creado en 1976 por los hermanos César e Iván Álvarez. La compañía se ha encargado de promover en los últimos años una tradición de este arte en Colombia. Para ellos, “ser titiritero es uno de los oficios más bellos del mundo porque permite reivindicar la infancia y poner al servicio de los niños la imaginación y el gusto por los muñecos”.
La participación de este grupo en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, resalta su importancia en el contexto nacional y la calidad de sus obras que cuentan con más de 20 años de presentación. “Mostrarnos en el festival es una gran oportunidad de exponer nuestro trabajo, no sólo por la cobertura, sino por la magnitud de las funciones que se muestran aquí” afirma Hombre del Sol Castro.
Las compañías de títeres fueron seleccionadas a través de una convocatoria que realizó el FITB y además, comparten carpas con artistas de otros países como ‘Produccions Essencials and Acetato’ de Cataluña, ‘Ish’ de Israel, ‘Krash’ de España, entre otros. Asistentes técnicos como Freddy Aguilar se encargan de recibir las compañías y de adecuar el escenario, el sonido y la iluminación, en pabellones que son armados entre 12 y 24 horas. “Lo que más nos interesa es estar pendientes de las gradas de metal para que el público pueda sentirse cómodo y seguro”.
Para lograr una puesta en escena como “Que duermas bien Alfonso”, los artistas tuvieron un proceso creativo que inició con la elaboración de maquetas, bocetos de personajes y la adaptación de la obra a una nueva técnica que hace diferente la actuación del ‘Submarino invisible del capitán Nemo’.
Esta innovación en el mundo de los títeres consiste en adecuar los muñecos a una mesa, en vez de un biombo o persiana que oculta al titiritero. Los animadores se visten completamente de negro y manipulan los muñecos con sus manos desde la oscuridad, disminuyendo así la impresión de que se encuentran en el escenario. Según Hombre del Sol Castro “lo que se busca es manipular la visión de tal manera que el público olvide que nos encontramos en la escena a pesar de que nos están viendo”.
A pesar de las magníficas presentaciones de los titiriteros, el oficio no es tan lucrativo. Según el director y su grupo, el FITB no les paga tanto por las obras como ellos quisieran y, aunque reciben una comisión, no pueden esperar sobrevivir con lo que les da el teatro. Sin embargo, por ser el oficio de un artista su principal objetivo es entretener al público y dejar más que una enseñanza, pues como dice Iván Darío Álvarez “rico no es el que tiene mucho, sino el que necesita poco”.
Entre muñecos y biombos los titiriteros aportan un bello entretenimiento que sin ser muy costoso, puede dejar a más de uno, con una agradable reflexión sobre su niñez.
Autor: Jennifer Arévalo Bernal

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