EL OCIO DEL SIGLO XXI: ¿CONDENA O NECESIDAD?
Desde tiempos remotos el ocio ha sido considerado
como una necesidad del hombre para consigo mismo. Detener el trabajo diario
para consagrar unas horas de tiempo libre a la diversión, juego o recreación de
la mente humana, complementa el supuesto de bienestar físico y mental que
requiere el individuo para su desarrollo. En la antigüedad, los griegos
determinaron el ocio desde la skholé,[1] que
significa parar o cesar, para contemplar un momento de meditación, paz y
relajación del ser. La civilización helénica no permitía este beneficio a los
estratos más bajos de la sociedad como los esclavos. El ocio era considerado
para esa época un sinónimo de libertad, porque sólo el que no tuviera que
trabajar todo el día para un superior, podía dedicar unas horas a su nutrición
espiritual.
En el Imperio Romano bajo el gobierno de
Cicerón, la idea de ocio u octium[2] estaba
relacionada con el nec octium, esto
significa que el no trabajar dependía del término de la labor realizada durante
el día. El descanso es posible después del trabajo y es necesario para volver a
este. Para los romanos el ocio no era considerado un desperdicio de tiempo,
sino un estado de descanso y meditación. Los emperadores instituían actividades
de ocio para que el pueblo fuera mejor dominado mediante ejercicios de
desocupación, a esto se le conoció como ocio
de masas, Giangrande (1974, p. 48).
El ocio al término de la Edad Media e
inicio del Renacimiento, es considerado como un supremo bien de las clases
privilegiadas. Obispos, reyes, militares, entre otros, podían dedicarse enteramente
a la ciencia, religión, política y deportes.[3]
El ocio empezaba a ser relacionado con los títulos nobiliarios y jerarquías
eclesiales, mientras el trabajo era relegado a la servidumbre y a los sectores
no ricos de la población.
Sin embargo, en la modernidad el ocio
sufre un cambio trascendental y empieza a verse como una pérdida de tiempo y un
vicio personal o social.[4]
Esto ocurre debido a que la reforma calvinista y el puritanismo inglés incursionan
en el entendimiento de un valor ético y religioso sobre el trabajo. Las
actividades deportivas, los placeres y los juegos de ociosidad fueron relegados
al margen de las ciudades del siglo XVII en Europa.
Con la Revolución Industrial, el trabajo
se estandariza y las personas son sometidas a extenuantes jornadas de trabajo
en las que niños, jóvenes y adultos carecen absolutamente de tiempo libre. Esta
prolongación del trabajo advierte a la sociedad europea de la necesidad de
reivindicar sus derechos sobre unas condiciones laborales óptimas para el
desarrollo personal, incluyendo menos horas de trabajo y aumento de salarios. Aquí el ocio es considerado por el valor de
las actividades en la que se emplea el tiempo libre.
La problemática actual presenta al ocio
como el tiempo del no trabajo en el
que dependiendo de la situación social, puede hacerse un peor o mejor uso de
este. El ocio es permitido para ciertos sectores de la sociedad que no tienen
que trabajar todo el día para subsistir. En Colombia y América Latina, el
tiempo libre sólo les es permitido a los estratos medios y altos, pues los
sectores más pobres de la población deben laborar todo el día para obtener el
sustento diario. La Era Digital ha modificado la manera como se invierte el
tiempo libre. Las personas dedican horas frente al computador para revisar cuentas
de correo, jugar o hacer parte de las redes sociales como Facebook o Twitter. Aunque
este tipo de actividades pueden generar algún tipo de alimentación personal,
muchos de los que no se despegan del computador acarrean graves problemas en
cuanto a su salud física y emocional, pues hay personas que incluso pierden la
posibilidad de relacionarse en la realidad y sólo pueden hacerlo de manera
virtual.
El ocio en la actualidad debe ser
reconocido desde la posibilidad de retroalimentarse a sí mismo, no sólo a
través del computador, sino con actividades deportivas, meditativas y de
lectura. A pesar, de que hoy se lee mucho en la Red, los libros siguen teniendo
esa cualidad especial que los hace indispensables. Habría que volver a los conceptos
griegos, romanos y del Renacimiento en el que el ocio era una actividad del
espíritu y de la mente. Quizá hay que establecer unas rutinas en las que el tiempo libre no esté supeditado al
computador y puedan compartirse espacios abiertos como parques y
establecimientos culturales, que ayuden a nutrir las necesidades del hombre de
hoy.
Autor: Jennifer Arévalo Bernal
[1] Ver Hernández, Antonio. Acerca
del ocio, del tiempo libre y de la animación sociocultural. Universidad de
Málaga. El ocio en Grecia. En: http://www.efdeportes.com/efd23/ocio.htm. 23 -nov-2009.
[2] Ver Hernández, Antonio. Acerca
del ocio, del tiempo libre y de la animación sociocultural. Universidad de
Málaga. El otium romano. En: http://www.efdeportes.com/efd23/ocio.htm.
23 -nov-2009.
[3] Ver Hernández, Antonio. Acerca
del ocio, del tiempo libre y de la animación sociocultural. Universidad de
Málaga. El ocio en el Renacimiento. En: http://www.efdeportes.com/efd23/ocio.htm.
23 -nov-2009.
[4] Ver Hernández, Antonio. Acerca
del ocio, del tiempo libre y de la animación sociocultural. Universidad de
Málaga. El ocio en la Edad Moderna. En: http://www.efdeportes.com/efd23/ocio.htm.
23 -nov-2009.

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