JORGE ENRIQUE PULIDO: ENTRE EL MICRÓFONO Y LAS BALAS





“La vida es una brizna en las manos de Dios”, balbucea agonizante Jorge Enrique Pulido. A su alrededor, varios compañeros miran con horror como se deshace la vida del locutor, entre ellos, José Luis Ramírez, quien lo conoce hace poco y le merece gran admiración. Minutos antes se había escuchado varios disparos, un hombre en una Yamaha de color rojo había herido de muerte al reconocido periodista mientras su acompañante zigzagueaba presuroso entre la calle 23 con carrera 9ª.  Era una tarde dominguera del 29 de octubre de 1989. Pablo Escobar, “El Patrón”, espera la llamada que confirme el éxito de su encargo.

Días antes había escuchado a Pulido afirmando que “los terroristas son un puñado de hombres que, como lo dijera el propio Presidente de la República, no son de esta patria”. Escobar no dilucidó en enviar a sus matones como lo había hecho con Guillermo Cano, director de El Espectador, quien lo acusó de estar involucrado en la Toma al Palacio de Justicia por el M – 19 para desaparecer  los  documentos y magistrados que ratificarían la temida extradición. La orden es clara, “hay que matar a Jorge Enrique Pulido”, le cuenta a sus compañeros Jhon Jairo Velásquez  ‘Popeye’, “el Patrón quiere sacar del camino a ese  periodista”.
Pulido yace en el piso, segundo a segundo pierde el impulso de respirar. Los minutos que tarda la ambulancia se le multiplican y de pronto ve su vida pasar ante sus ojos. Recuerda aquel día en que caminaba por las calles de Alemania hacia una estación de radio, allí aprendía vertiginosamente lo extraordinario de la locución. Sabe que no habría sido posible, si no hubiera ganado aquella beca de la fundación Konrad Adenauer (KAS), a la que le puso tanto empeño.

De repente, otra imagen se agolpa en su pensamiento.  Aquel momento en que por primera vez, estuvo al aire un programa de Jorge Enrique Pulido T.V., su programadora y a la que le había dedicado todo el esfuerzo y dedicación. Allí se vio a sí mismo molesto e impotente frente al narcotráfico y corrupción que desolaba el país. Ve con nostalgia aquellos días de El Campesino, Tú eres Colombia, Colombia en firme, Las investigadoras, Canal abierto, Sábado de película y Tío Manuel. Ideas tan suyas como de su gente y a las que aún no quería abandonar. Llega la ambulancia.

Escobar recibe una llamada: “Listo ‘Patrón’, ya está la vuelta”, le dice ‘Popeye’.  Él, Jefe del Cartel de Medellín, había amenazado a Pulido unos meses atrás con una bomba de irregular poder que destrozó gran parte de la programadora. El periodista había entrevistado la madre del Rodrigo Lara Bonilla, también asesinado por Escobar, “un símbolo de valor y de templanza en la lucha contra el narcotráfico”, afirmó en su programa. El Patrón buscando evitar a toda costa la extradición, manda a asesinar dos meses después, a Luis Carlos Galán. Pulido, hacer ver a Escobar que el crimen no ha sido olvidado en un programa que titula “¡Galán Vive!”.

El periodista yace en una cama de la Clínica San Pedro Claver. Un sólo pulmón le permite respirar, sabe que le queda poco tiempo. A su lado, Lina María Pulido,  su pequeña hija, ve que cada segundo es crítico y pronto va a perder a su papá. Llora junto a su madre. “Mi papá sacrificó su propia vida en razón de la ética del periodista, del deber a la verdad y de no negociar los principios”, dice hoy.

El 9 de noviembre  de 1989, Jorge Enrique Pulido cierra sus ojos para siempre. No puede cubrir la Caída del Muro de Berlín, ni los acontecimientos que tanto le habría gustado reportear. Se pierde el sonido de esa voz penetrante, aguda y diciente de la realidad colombiana. Deja solos a su familia, amigos y colegas, pero ante todo, a los micrófonos que aún extrañan con nostalgia el talante de su ejemplo y veracidad.

Autor: Jennifer Arévalo Bernal


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