INVERSIÓN SOCIAL, UN DECLIVE EN LA POLÍTICA COLOMBIANA
"Realizar reformas sin disponer de una mayoría absoluta en el Parlamento sólo es políticamente viable si la gran mayoría de la población puede ser persuadida de que la crisis es tan profunda que no existen alternativas."
Dieter W. Benecke
Renata Nascimento
Actualmente, Colombia
se encuentra sumergida en una crisis política y económica, y aunque los medios de comunicación no
permitan que la opinión pública se dé
cuenta de la realidad por la que está atravesando nuestro país, es claro que
hoy el gobierno colombiano ha perdido preocupantemente su rumbo. Pero, ¿a qué
se debe esta crisis? Bueno, varios factores han amenazado durante muchos años
la seguridad de todos los colombianos.
En los años 90, las
guerras entre los carteles por el narcotráfico y el enfrentamiento directo del
ex capo Pablo Escobar con dirigentes del gobierno, llevaron a una crisis social
que se vio atravesada por la violencia y una nube de corrupción. No obstante,
en medio de toda la problemática por el narcotráfico, en la misma época se
realizó una apertura económica que más que traernos verdaderos beneficios y un
deslumbramiento de ensueño por los aparatos del mercado capitalista, nos
condujo a una crisis social que sólo ha afectado en los últimos años a la
población que al gobierno menos le interesa, los pobres.
El siglo XX trajo a
nosotros todo el avance de la ciencia y la tecnología, el hombre vio con
orgullo como surcábamos el espacio y llegábamos a la luna, cómo se producían
los anticonceptivos y cómo la mujer protestaba por su derecho a la igualdad y a
la independencia de su dignidad. Guerras inhumanas y millones de muertos nos
dejó como resultado el “progreso” del siglo XX y así con una grande
desmoralización por las instituciones llegamos al siglo XXI en el que la
pobreza es aún mayor y en que cualquier muestra de interés por lo social es calificada
por lo menos, en Colombia, de izquierdista.
En nuestro país no se
puede hablar si no se tiene en la mente la frase “Política de Seguridad
Democrática”, quien ose criticar este término es condicionado en todos los
ámbitos de la vida, sin darse cuenta a veces hasta las propias familias se ven
enfrentadas por algo que aparentemente no es más que un populismo al que nos ha
llevado nuestro Presidente. Álvaro Uribe Vélez llegó al poder en medio de una
gran decepción por los pésimos índices sociales y de seguridad, que habían
dejado el anterior gobierno del ex presidente Andrés Pastrana, y con este
pesimismo llegó un “paisa” casi como caído del cielo.
Durante los últimos
años hemos visto cómo con el mandato del Presidente Uribe podemos viajar por
las carreteras, salir a las calles en grandes manifestaciones y decir que “en
Colombia ya no hay problemas de seguridad, que la guerrilla y los paramilitares
están neutralizados” (José Obdulio Gaviria). Pero tomando en cuenta lo que
dicen las abuelitas, es que “el Presidente no tiene la culpa de estar rodeado
de gente inútil”. Bueno pues si el Presidente realmente fuera un redentor,
entonces cabría recordarle que si es tan caritativo como Jesús debería estar
más preocupado por la atención de los enfermos que hacen largas filas en la
Nueva EPS y por los cientos de niños que se están muriendo de hambre semejante
a los somalíes, como seguramente los haría nuestro Señor Jesucristo.
Sin embargo, hoy vemos
a unos medios de comunicación prácticamente mudos ante estos hechos, todas las
“supuestas” encuestas dicen que Uribe tiene el 85% de favorabilidad entre los
colombianos, pero no se toman la tarea de explicar que los colombianos
encuestados son los de las grandes capitales y no los que se están muriendo de
hambre en el Magdalena Medio o en otras regiones del país. Este año nos hemos
alegrado por las pocas liberaciones de los secuestrados, claro hay que recordar
que los únicos que fueron liberados son los políticos y unos pocos policías y
militares, en las selvas todavía quedan más de 700, pero bueno de todas maneras
nos alegramos por su liberación. No obstante, todos los supuestos triunfos del
gobierno colombiano y de las Fuerzas Militares, se han realizado al precio de
que los recursos del Estado sólo son dirigidos para sustentar sus voluminosos
sueldos, y por su puesto para comprar armas.
¿De qué le sirve a un
país tener armas, cuando no tiene qué comer? Con el gran proceso de
globalización nuestro país no sólo ha tenido que verse sometido a la
homogenización de la cultura. Si nos damos cuenta prácticamente donde hay un
“sombrero vueltiao” en el extranjero,
hay un colombiano, pero no se tiene en cuenta que no todos los colombianos
somos costeños. Peor aún, muchas de nuestras tribus indígenas se ven afectadas
por la incursión de productos de consumo en sus culturas y por la aparición de
enfermedades que son llevadas por los curiosos de “lo extraño”. Siendo ahora tan fáciles las comunicaciones
con las llamadas Tecnologías de la Información, muchas personas ya ni siquiera
se hablan frente a frente, los niños son limitados al deslumbramiento de los
“videogames” y en el peor de los casos las relaciones interpersonales se hacen
a través del Messenger.
Esta realidad
globalizada en la que no somos más que el juguete de un gobierno corrupto,
envuelto en “narco-para-política” y falsos positivos, ha dejado abandonados a
todos los pobres de este país, los niños mueren en el llamado “paseo de la
muerte”, cada vez hay más desplazados en las calles y el dinero con el que
habitualmente compraba el colombiano promedio un mercado, cada vez alcanza
menos. El gobierno ha olvidado que para construir un país lejos de la violencia
y la corrupción, primero hay que educar a nuestros niños, darles salud,
vivienda, una familia, porque cuando al ser humano les son negados estos
derechos, no tiene más opción que levantar las armas. Si cada vez más se
invirtiera en ciencia y tecnología podríamos explotar todas las grandes
riquezas mineras y petroleras que tiene nuestro país, no habría necesidad de
enviar a otros países como Estados Unidos, nuestros recursos para que nos los
devuelvan convertidos en tecnología y más caros. Uribe debería dejar que una
buena parte de los desplazados trabajaran en sus miles de hectáreas de tierra y
no solamente él, sino también tanto político narcotraficante que parecen
terratenientes más que un hombre del común.
¿Cómo entonces le
hacemos ver a nuestro gobierno que estamos necesitados de una inversión
inmediata en salud y educación? Quizá sólo la intelectualidad, sólo instruyéndonos
día a día con el conocimiento, quienes podemos por supuesto, y teniendo una voz
crítica ante el gobierno, aún teniendo que arriesgar nuestras vidas como Luis
Carlos Galán y Jaime Garzón; así, podremos hacer fuerza a que el Estado se
preocupe por reducir los gastos fiscales, bajando las pensiones de políticos
que no hacen prácticamente nada y de otros tantos que manejan todos los dólares
del narcotráfico.
Procurando a que
invierta en educación, salud y vivienda, para que así se cumpla con los parámetros
del Consenso de Washington que promulgaban por una reducción de gastos
innecesarios y una austeridad por parte
del gobierno, inversión social y ante todo un buen manejo de la economía para
reducir los altos índices de pobreza en Latinoamérica. Pero quizá aún más
importantes realizar las Reformas de Segunda Generación propuestas también por
Williamson en las que se haga una reestructuración a las instituciones públicas
y una reforma agraria para que todas las personas tengan un pedazo de tierra
con la cual trabajar y no un arma para matar.
Autor: Jennifer Arévalo Bernal

Comentarios