HUMANOS EN LA PROBETA
En 1997 se anunciaba la primera clonación de un animal, la
oveja Dolly. Varias especies de animales como el Copycat (clonación de un gato)
y Prometeo (clonación de un caballo) han puesto en la arena pública la
preocupación por una adelanto científico que es inevitable, la clonación
humana. En el 2001 la empresa Advanced Cell Technologies anunció la creación
del primer embrión humano llamado “Eva”, sin embargo, días después fue
destruido por razones aún desconocidas. [1]
Estos avances en la elaboración de una copia humana, alientan
a la sociedad a dos cuestiones bioéticas que deben ser analizadas en un
contexto puramente racional, para evitar la cosificación de la vida. La
primera, corresponde a la reproducción de un embrión con las mismas
características genéticas de otro y la segunda, desde un punto de vista
terapéutico, estudia la duplicación de tejidos y órganos para la cura de
enfermedades. La clonación humana permitiría hacer una copia de familiares
fallecidos y además, elegir sistemáticamente, los rasgos físicos de la persona
antes de nacer.
El alentar moralmente a familiares que han perdido hijos,
padres o abuelos, pondría en riesgo una cuestión sicológica en la que se
perdería el valor por la vida. Al saber, que mediante la ciencia se puede
copiar a alguien fallecido, ya no se temería a la muerte. Las personas
carecerían de valor y se someterían a ser simples experimentos en probetas de
laboratorio. Es determinante entender, que el dolor producido por la pérdida de
un hijo debe asimilarse y vivirse, no se puede jugar con la vida pretendiendo
copiar a las personas, pues los segundos nunca serán totalmente iguales a los
primeros. La ciencia ha demostrado que a pesar de que las características
físicas en la clonación son reproducidas casi en su totalidad, los rasgos
sicológicos de la persona se desarrollan durante el crecimiento.
Por otro lado, la clonación de tejidos u órganos podría ser
la esperanza para millones de personas que padecen de cáncer, Alzheimer o
Parkinson. A pesar que en este sentido, el desarrollo científico podría ser
benéfico, es importante que la sociedad esté vigilante ante una posible
comercialización de células madre que son extraídas de embriones que mueren
infortunadamente. Habría que analizar si el padecimiento de una persona vale el
sacrificio de un embrión. La Bioética tiene que definir los procedimientos con
los cuales se realiza este tipo de experimentos, pues si un hombre que sufre de
cáncer puede ser curado por las células madre de su propio hijo en estado
embrionario, entonces hasta qué punto ese hecho sería un crimen.
Esta problemática debe definirse desde conceptos muy
claros. La vida de las personas no es una mercancía con la que se pueda obtener
dinero. El dolor no se puede mitigar mediante un irreal experimento de
clonación en el que se suplante a los seres humanos. Pretender crear Superhombres y Supermujeres al estilo de Nietszche, no es más que un crimen contra
la sociedad, pues ahondaría en discriminaciones y genocidios como ocurrió con
la raza Aria de Hitler en la II Guerra Mundial. La clonación de órganos podría
ayudar a muchas personas, pero debe encontrarse la manera de que seres
embrionarios no sean desechados como residuos de laboratorio. A pesar de que el
embrión es un mínimo desarrollo en la constitución del ser humano, es una vida
y no debe materializarse como si fuera un tanque de oxígeno o una inyección.
La Bioética debe establecer una normatividad clara frente a
estos adelantos científicos, pues históricamente otros progresos como el de
Albert Einstein en la partición del átomo, no sólo condujo al exterminio de
miles de personas con la bomba atómica, sino que hizo aún más peligrosa la
guerra. Por ello, al definir la clonación no se debe caer en moralismos o
polémicas religiosas, lo más importante es analizar racionalmente las
consecuencias que puede traer este desarrollo científico y los efectos que
causaría en la sociedad, pues si se pierde el valor por la vida, entonces habrá
más excusas para que los seres humanos sigan depredándose unos a otros.
Un comunicador social
no sólo debe saber qué es ética periodística, también le incumbe comprender la
Bioética para divulgar las normativas que ayuden a la sociedad y no atenten contra
ella: Debe entender la dignidad humana
como principio indispensable para su trabajo. El dolor del otro no es noticia.
Autor: Jennifer Arévalo Bernal
[1] Ver Revista de Ciencias. Bioética de la clonación humana y
terapéutica. En: http://www.revistaciencias.com/publicaciones/EkEkuuZupkWZboOIFm.php.
13/nov./2009.

Comentarios